Hay un momento
maravilloso y único, en donde el tiempo se cristaliza y se rompe en mil
pedazos, donde ya no hay dudas, no hay pensamientos, no hay viento que acaricie
nuestra piel ni sombras que se proyecten en nuestros cuerpos. Donde todo se
vuelve nada y solo vos existís, y aunque dure un suspiro siento que en cada
parpadeo me pierdo una fracción de segundo importantísima de observarte, mi
corazón palpita cada vez mas fuerte deseoso de hacerte saber que lo hace por
vos, por tu sonrisa y tu mirada. Y es entonces donde no puedo moverme, no puedo
respirar bien, las palabras se me olvidan y solo puedo decirte “te amo” con
completa, total y plena sinceridad; cualquier dialecto se vuelve absurdo al
intentar decirte lo importante que sos, lo magnifico de este sentimiento; lo
perfectos que son tus pasos y lo celestial de tu sonrisa. Pero no existen
palabras que puedan describirte, es intentar y fallar cada vez mas, como si
nuestro idioma fuera incompatible con la belleza del reino de tu mirada. Pero
mil veces vale intentar y fracasar que no haberlo intentado nunca.
Desde arriba hacia
abajo, doy un paseo con mi mirada por tu pelo, cuidado y desprolijamente
alineado, como si esa dualidad no fuera en contra de cualquier balance
existencial, como si jugaras a transgredir lo que por lógica idiota fue
sentenciado a morir en un lacio occiso o aquellos rulos rebeldes que nunca
dejan brillar, no, nunca fue para vos todo aquello, marcando el camino de mis
ojos vienen y van, suben y bajan, hay mechones como trampolines que me llevan a
saltar directamente a tus ojos sin pensar en nada mas; y ahí salto, me remojo
en tu iris pardo, brillosos y perfectos que se fijan en mi, ahí me doy cuenta
que la vida es hermosa y que el mundo no es tan malo como antes creía, puedo
ver árboles inmensos y verdes, un cielo azul que parece el océano, con grandes
nubes que parecerían barcos navegando sin rumbo alguno, me veo a mi, reflejado
en tus ojos como si fuera otra persona, me veo a mi siendo feliz y
verdaderamente lo soy, todo el tiempo. Pero cada vez que miro la vida en
general reflejada en ese brillo, todo lo veo mas hermoso, mas perfecto y
duradero. Entonces mi mirada nada hasta perderse en la oscuridad de tu pupila,
me pierdo en el infinito de tu mirar sin ganas de volver a encontrarme, estoy
seguro, tranquilo, a salvo en aquella oscuridad; estoy sonriendo, lo se, porque
dentro de tus ojos se encuentra la magia del universo mismo, se encuentra el
fuego que arde en mi corazón. De pronto despierto y como una lágrima acaricio
tu mejilla resbalando lentamente con la suavidad de tu piel, me encantaría
gritar pero eso te alarmaría, entonces solo me río con una alegría inmensa,
hasta que caigo de lleno en tu boca. Me filtro con cuidado por el borde de tus
labios suaves y dulces, mientras dibujo una sonrisa en donde quedo colgado por
un instante, me siento tan cómodo y tranquilo, tan lleno de paz que como si
fuera la luna en creciente uso tu sonrisa de cama, y mi mirada descansa en tus
cálidos labios un buen rato. Y solo puedo hacer mas que besarte para verte
sonreír de forma prolongada una vez mas, ahora mis ojos se escapan de tu boca,
deseoso de divertirme en el tobogán que se figura en tu cuello, me tiro y con
lentitud caigo rozando de nuevo aquella suavidad, aquella tumba de besos de
antaño donde hace diez minutos habían muerto nuevos besos míos. Caigo con
cuidado nuevamente hasta la montaña que surge de tus pechos, juego a ser
invisible cuando me escondo en el espacio entre uno y otro, ya no tengo miedo a
absolutamente nada, ya nada me provoca mas placer que sentirme tan cerca tuyo,
y patino por tu abdomen, siento tu respiración mover aquella zona hacia arriba
y abajo, me detengo en tu ombligo para descansar, y te beso nuevamente, ahora
en el vientre.
Mi mirada retoma su
camino, dibujo tu pelvis mientras me dirijo hasta tus piernas, suaves, frágiles
y perfectas, ya no existe mas nada que vos, nada del mundo que creía verdadero,
solo vos, perfecta y sonriente, llego hasta tus pies y me vuelvo creyente, el
ateismo ya no es para mi, tu cuerpo es mi templo y vos sos mi religión, mi
universo, mi verdad y fantasía.
Mis labios nuevamente
se contorsionan para decir un “te amo”, pero eso no basta, te beso, mi cuerpo
reposa sobre el tuyo y siento tu calor, entonces el tiempo se hace añicos de nuevo
e inventamos nuestro propio idioma para poder describir cuanto amor hay entre
los dos.
Te amo siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario